Carta Semana Santa

Marzo de 2018

Querida comunidad,

¡Comienza la Semana Santa! Es un tiempo muy especial, en el que Dios se hace cercano para invitarnos a renovar nuestra vida, a volver a Él, a beber en esa única fuente de verdadera paz y felicidad que es su amor. Si elegimos acompañar a Jesús uniéndonos a su pasión y su muerte,  reconoceremos ese amor que lo hace entregarse por nosotros y podremos resucitar con Él. Y así llegaremos a experimentar lo valiosos que somos para Él.

Sin embargo, hay que reconocer que a veces nos cuesta sentir su cercanía, incluso en Semana Santa. El acostumbramiento a la repetición a lo largo de los años nos ha “inmunizado” a un Dios que aunque nos sigue declarando que nos ama y está dispuesto a darnos vida, suele encontrarse con nuestra indiferencia y rechazo. Tal vez, nuestra cerrazón al amor y a la vida han ido creciendo por habernos resignado ante los muchos signos de muerte que nos rodean. Será necesario entonces comenzar a gestar signos diferentes en nuestra persona, en nuestra familia y en nuestra sociedad. Gestos y acciones que hablen de algo distinto, que celebren la Vida que se nos ha regalado.

Este año celebraremos estos días pidiendo al Señor que derrame su Vida Nueva sobre las distintas circunstancias donde la muerte parece prevalecer. Queremos celebrar a Jesús como Señor de la Vida, como Salvador de toda vida. Para esto necesitaremos reconocer el gran don que Dios nos hace en cada persona que nos rodea. Porque cada uno es digno, porque todos somos valiosos, porque en cada vida hay un presente para los demás. No importa si apenas acabamos de ser concebidos o estamos en nuestros instantes finales en la tierra, no depende de nuestra capacidad o salud, ni de nuestra economía o cultura. Ni siquiera depende de nuestros aciertos o errores, virtudes o pecados. En cada vida, por más inconveniente, incómoda, molesta o dolorosa que sea, hay una riqueza infinita y maravillosa, prevista por la providencia divina para completar su creación.

A los ojos de Dios todos somos sus hijos amados. Él quisiera vernos ayudándonos los unos a los otros para llegar a ser cada vez más plenos. Pero nuestro corazón padece de una ceguera que nos impide reconocernos hermanos y unirnos. Si con la ayuda de la Gracia, en estos días nos hacemos más capaces de descubrir lo valioso que es cada uno, nos acercaremos al misterio de amor del Señor resucitado. Así reconoceremos que el amor de Dios es incondicional y gratuito y estaremos seguros de que sin importar que tanto nos alejemos de Él, siempre nos estará esperando lleno de Misericordia. La profunda alegría y confianza que nos inundará entonces, nos impulsará y entusiasmará en la misión y tarea de elegir acompañar y cuidar toda vida, y de comprometernos especialmente con la vida de los más débiles y vulnerables, siguiendo el ejemplo de Jesús. Y esto volverá a llenar de sentido nuestra celebración de la Pascua.

En nombre de todo el equipo directivo de nuestro Grupo Educativo les deseo a todos que puedan vivir esta Semana Santa profundamente unidos al Amor de Jesús y llenarse luego de gozo con una muy feliz Pascua de Resurrección. ¡Dios los bendiga!

P. Daniel